El lado oscuro de los Juegos olímpicos

El olimpismo contemporáneo tiene dos caras. Como el Dorian Gray del escritor Oscar Wilde. Una visible. Deslumbrante y épica. Promocionada hasta el hastío ante la cercanía de la cita de Londres (27 de julio al 12 de agosto); mientras otra, ajada y aborrecible, permanece en la sombra.

Muchos voltean la mirada. Pero en épocas de recuentos es imposible obviar los momentos sombríos en que la magna competición, contrario a sus valores fundacionales, fue tomada como rehén por diferentes estados y grupos para tratar de imponer posiciones políticas; justificables o no.

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